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Felipe Osuna - CABRA. La Virgen de la Sierra volvía por segunda vez en este año a recorrer los caminos que llevan hasta su Casita Blanca.

No se trataba de un evento extraordinario como el motivo por el que Bajó el pasado mes de junio hasta la ciudad de la que es Patrona. Ahora lo ha hecho, tal y como viene aconteciendo desde antiguo, por motivo de las fiestas mayores de Cabra convocadas en su honor. Desde primera hora de la mañana del día 4 muchos peregrino comenzaron a desplazarse hasta el Picacho que pocos minutos antes de que la Virgen partiera bajo sus plateadas andas de viaje, se encontraba repleto de fieles aguardando el momento tan arraigado que se produce a las 4 de la tarde cuando la Celestial Viajera cruza en volandas el cancel de su templo, aunque este año la salida se ha producido 10 minutos más tarde por una incidencia debida a la actuación de los efectivos de Cruz Roja que tuvieron que auxiliar a una persona que se encontró indispuesta en el interior de la iglesia. Algo muy leve para lo que luego acontecería y es que no faltaron momentos de emoción a lo largo del camino en el que pese a que la temperatura fue algo más fresca que en años anteriores, no faltó la polvareda levantada por las miles de personas que caminaban delante y detrás del paso de la Divina Serrana que lucía para la ocasión un precioso manto a listas bordadas en seda que data del año 1840. Tampoco faltaron las mazas a base de varas de nardos que exornaron cada una de las esquinas del templete plateado, ni los caballistas que detrás de las andas escoltaron y cerraron una comitiva muy nutrida, la cual se aglomeró aún más en las distintas paradas que la Virgen suele realizar en el camino, siendo una de las más emotivas la que acontece en la Casilla La Salve donde padre e hijo, ambos Antonio Roldán, entonan la Salve Popular mientras un grupo muy concurrido de mujeres cogen sobre sus hombros por unos momentos a la Celestial Viajera. Acto seguido los hermanos José y Antonio Egea entonaron unas emotivas sevillanas en el mismo lugar que fueron muy aplaudidas. Aunque no pudo accederse a la explanada de la finca Góngora un devoto procedente de la localidad de Espejo también volvía a sumar su garganta para alabar a la Señora con cuatro estrofas al son de sevillanas. Antes de que el caminar llegara a su fin la Virgen volvía su mirada al hospital comarcal Infanta Margarita en el que aguardaban tras sus ventanales algunos enfermos que saludaron a la Patrona agitando incluso telas. La Señora llegó a la Parroquia de San Francisco y San Rodrigo a las 19:40 horas. En dicho templo sería cambiada de manto para hacer su entrada triunfal en la ciudad en los arcos de la Antigua Calle Baena, donde apareció ataviada con sus mejores galas: el manto blanco (más conocido como el del día 8), la corona que estrenara con motivo de su Coronación Pontificia y el rostrillo y pecherín de oro y esmeraldas y cómo no, con el mejor perfume que el que desprenden las varas de nardos que componen su exhorno más tradicional.